Orígenes del Vajrayana
La mayoría de los tantras sostienen haber sido dichas por Buda Sakyamuni, o a veces por otros Budas. Esta aseveración es aceptada por la mayoría de los budistas tibetanos pero es generalmente rechazada por los eruditos contemporáneos históricamente orientados, porque no existe evidencia formal que corrobore la aparición de los tantras por lo menos hasta después de pasado un milenio luego de la muerte de Sakyamuni. La discrepancia entre el tiempo de Buda y el período del florecimiento del Vajrayana en la India también ha sido remarcado por historiadores tibetanos, y Taranatha (1575-1635) intenta explicarlo declarando que Sakyamuni enseño los tantras en el curso de su vida, pero que algunos fueron transmitidos en secreto de maestro a discípulo, mientras que otros fueron escondidos en el Cielo de los Treinta y Tres o en Tushita hasta que los humanos estuvieran preparados para recibirlos. Los orígenes del tantra son extremadamente oscuros, y existen numerosas teorías concernientes el cuando, cómo, y por quién han sido compuestos varios textos.
No existen registros del tiempo de Buda que sugieran que el haya dado enseñanzas que se asemejen al Vajrayana desarrollado. Los tantras solamente comenzaron a aparecer en la India hacia el final del siglo siete- más de un milenio después de la muerte de Buda- y nuevos tantras fueron compuestos hasta el siglo doce, y tal vez aún después. Está claro por los registros tibetanos que cuando primero se diseminó el budismo en el Tibet en el transcurso de los siglos nueve y diez los textos y prácticas tántricas ya estaban bien establecidas en la India y que muchas de las universidades monásticas que eran centros de transmisión del Dharma eran también centros de estudio y práctica del Vajrayana.
Cuando el peregrino chino Xuanzang (596-664) visitó la India entre 629 y 645 d.C., no hizo mención alguna de textos o prácticas tántricas en sus escritos. Esto es significativo ya que viajó a través de toda la India budista y a través de Asia Central, y su reportar es notable por su escrupulosidad. Describió detalladamente los lugares que visitó, los lugares de peregrinaje y templos que visitó, el número de monjes que encontró en determinados lugares, y los tipos de prácticas que llevaban a cabo. Dio información acerca de la existencia de muchas personas que pertenecían a las sectas Hinayana y Mahayana, pero no existe registro de que haya conocido algún tipo de Budismo que se asemeje al Vajrayana.
Cuando otro peregrino chino llamado Wuxing viajó a la India alrededor del 680, informó que el Vajrayana había ingresado en la corriente principal de los centros monásticos del norte de la India, y también indicó que este era un fenómeno reciente. Los tibetanos no comenzaron a traducir los textos tántricos hasta el siglo ocho y los budistas chinos empezaron a importarlos y traducirlos más o menos alrededor del mismo momento, y por lo tanto parecería que los primeros tantras fuesen probablemente escritos alrededor de los fines del siglo séptimo y que su aparición y aceptación en la India seguramente tuvo lugar rápidamente, en un período de varias décadas.
Los linajes tántricos comúnmente sostienen que las luminarias como Nagarjuna (c. 150-250) y Asanga (c.siglo cuarto), pero esto fue hecho retrospectivamente; no existe evidencia para sostener que estuvieran involucrados en prácticas tántricas. El Vajrayana no era por completo un nuevo sistema, sin embargo, e incorporó elementos de tradiciones budistas anteriores incluyendo doctrinas y practicas. Por ejemplo, los textos tántricos presuponen la doctrina de la vacuidad, que es central a las escuelas del Madhayamaka y al Yocara del budismo indio, y sitúa en alto grado a los medios hábiles (la habilidad de adaptar al Dharma a diferentes audiencias), que es un tema central a numerosos sutras del Mahayana. El símbolo del vajra predata al budismo, como también el uso de mantras, diagramas simbólicos y ritos de fuego (sbyin sreg homa), todos los cuales son centrales al Vajrayana. Antes del tardío siglo siete o del siglo ocho, sin embargo no existía nada que se pareciera al elaborado sistema de doctrinas y prácticas que ha caracterizado al Vajrayana desarrollado, ni tampoco existen registros de adherentes que lo proclamasen como un vehículo separado del resto.
Cualquiera que fuesen los orígenes, está claro que la producción de nuevos textos tántricos en la India y la afirmación de que estos habían sido enseñados durante el tiempo de Shakyamuni-generó tanto gran interés como oposición. Estas reacciones también se encuentran en los escritos de los eruditos contemporáneos occidentales. Algunos ven al tantra como un desarrollo que se concuerda con los ideales y doctrinas del Mahayana, mientras que otros lo consideran un fenómeno nuevo que señala un desplazamiento mayor de paradigma. Algunos investigadores occidentales de la primera hora -aparentemente sorprendidos por la presencia de imaginería y prácticas sexuales, como también por la plétora de figuras demoníacas- han caracterizado al tantra como siendo la degeneración final del budismo indio, como la corrupción de los ideales y prácticas del Dharma de Shakyamuni.
Estos pensamientos no son, sin embargo, compartidos por los eruditos tibetanos, quienes generalmente ven al tantra como lo supremo de todas las enseñanzas budistas y quienes consideran las prácticas tántricas como constituyendo el sendero más corto y más efectivo hacia la budeidad. Los textos y las prácticas tántricas son consideradas por los tibetanos como formando parte del Mahayana, porque enfatizan tanto el sendero del bodhisattva, que conduce hacia el objetivo supremo de la budeidad, y la importancia central de la compasión, que constituye el factor motivación principal en la búsqueda del despertar del bodhissattva. Como lo ha señalado David Snellgrove, sin embargo, los textos tántricos no fueron aceptados sin reservas en el Tibet, y para que una obra fuese reconocida como digna de autoridad los eruditos tibetanos generalmente requerían su validación bajo la forma de un original en Sánscrito.
Además, existía algo de oposición hacia los tantras en la fase de la primera diseminación del budismo en el Tibet, y dos reyes, Tri Songdétsen y Relbachen, prohibieron su traducción al tibetano. Luego, en el siglo once, el Edicto Oficial catálogo de Yéshe Ö caracterizó las prácticas tales como la unión sexual (sbyor ba) y de “liberación” (sgrol ba, que implicaba la “liberación” de seres del ciclo de la existencia mediante el darles la muerte) como herético y rechazó a los tantras que contenían descripciones de estas prácticas. El afamado traductor Rinchen Sangpo (958-1055) hizo similares aseveraciones en su Refutación de los Errores del Tantra Secreto. Tales controversias continúan hasta el día de hoy, y los exegetas tibetanos tienden a explicar los pasajes más inauditos en los textos tántricos simbólicamente.
La Parafernalia Tántrica
Las ceremonias de iniciación tántricas…incorporan un número de elementos que reflejan la parafernalia de los reyes indios, y el objetivo manifiesto de la iniciación tántrica- transformarse en el soberano supremo con dominio sobre un área en particular- deriva de rituales de consagración real. Además, durante su entrenamiento los bodhisattvas acumulan vastas reservas de mérito que les permiten crear reinos búdicos con condiciones que le son favorables a determinados tipos de seres y luego de haber obtenido la budeidad se transforman en los soberanos de estos dominios. Un ejemplo es Sukhavati, el ámbito de Amitabha, que es el objetivo de cultos populares a través del mundo del Mahayana. El buda que crea un ámbito es también su soberano, y esta noción se extiende al Vajrayana: se dice que los adeptos tántricos son los “soberanos supremos”, y que además poseen el carisma de reyes, extensos poderes mágicos, y la habilidad para conquistar a brujos y dioses.
Aún hoy en las iniciaciones tántricas se utilizan los elementos de las ceremonias reales del período feudal indio, que le siguió a la caída de los Guptas, y los iniciados comúnmente utilizan coronas y sostienen vajras, que en algunos textos se relacionan con el bastón de mando de un rey, el símbolo del poder real en la India medieval. Más aún, el lenguaje y el simbolismo de estos rituales contienen elementos de la parafernalia imperial de estos tiempos. A los iniciados se les instruye que se vean como monarcas que adquieren poder a través de su meditación y realización de rituales, y que ejercen el dominio a la manera de monarcas universales. Durante la ceremonia, también aprenden mantras que supuestamente tienen el poder de derrotar a ejércitos rivales, asegurar buenas cosechas, controlar el clima, contrarrestar la magia negra de los enemigos, etc., todo lo cual formaba parte de las costumbres de la realeza medieval india.
Acerca del autor:
John Powers ha recibido un Master’s en Filosofía India de la Universidad McMaster y un Doctorado en Estudios Budistas de la Universidad de Virginia. Especialista en filosofía indo-tibetana y teoría de la meditación, ha publicado extensamente sobre pensamiento budista y práctica. Enseña en el Centro de Sociedades Asiáticas e Históricas (Center for Asian Societies and Histories) de la Universidad Nacional Australiana (Australian National University). Vive en Canberra, Australia.
Libros de John Powers
A Concise Introduction to Tibetan Buddhism
Introduction to Tibetan Buddhism
Introduction to Tibetan Buddhism (Revised Edition)